Posteado por: administrador | 15 de mayo de 2012

Condenado a abandonar su piso por destrozar el edificio y molestar a los vecinos

Fuente:elnortedecastilla.es

Nueve años han tenido que esperar los 23 vecinos en la comunidad del 27 del paseo de Farnesiopara que un juez, en este caso el exdecano Francisco Javier Carranza, les diera la razón punto por punto en sus pretensiones de desalojar al inquilino número 24 por hacerles literalmente la «vida imposible» durante todos este tiempo. El magistrado concluye que la prueba presentada contra el demandado acredita de «manera palmaria –la cita es textual–» que el residente del primer piso no solo acumula toneladas de basura en su vivienda de alquiler sino que es el responsable de los daños causados en las zonas comunes del edificio.

La sentencia no solo condena al acusado, J. M. B., a abonar una indemnización de más de tres mil euros por los desperfectos –pintura y buzones– sino que le obliga a desalojar la vivienda. La resolución alcanza también a los propietarios de la vivienda y les condena a su vez a pagar la mitad de las costas del juicio por «temeridad procesal» al entender que «no podían desconocer la situación insostenible para la comunidad a la que había conducido la conducta de su inquilino».
El único pero al fallo es que aún no es firme y el condenado tiene ahora un plazo de veinte días para recurrirlo ante la Audiencia Provincial. Un derecho que, a juicio del abogado de la acusación, ejercerá a buen seguro en los próximos días. Los vecinos estudian ahora con su letrado la posibilidad de solicitar la «ejecución provisional» del auto para que llevar a cabo el desalojo –voluntario o forzoso– del inquilino sin esperar a una confirmación.
Pendientes del recurso
Los afectados prefieren mostrarse cautos de momento y optan por guardar silencio a la espera de que la sentencia sea firme, con recurso o sin él, lo que pondría fin a un auténtico calvario vivido en el inmueble desde la llegada del ahora condenado, sobre el que interpusieron la primera denuncia ya en 2003, a los pocos meses de mudarse, por los malos olores procedentes de su casa.
La sentencia, que llega casi cuatro meses después de la celebración del juicio en el Juzgado de Primera Instancia número 6 –por la vía civil–, es más que clara y contundente a la hora de confirmar las pretensiones de los afectados. Sus testimonios y las grabaciones con cámaras ocultas realizadas por una agencia de detectives privados (Invesval) en las zonas comunes de la comunidad demuestran que «los actos del demandado no solo ponen en peligro la salubridad y la seguridad del edificio sino que constituyen una conducta maliciosa y antisocial, que resulta intolerable desde cualquier punto de vista y que ha conducido a una situación de permanente zozobra a los vecinos».
El relato de los hechos probados que el juez atribuye al demandado no tiene desperdicio y da fe de que, en efecto, todos ellos han vivido un «infierno», según lo definieron los propios afectados en la vista oral.

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