Posteado por: administrador | 28 de octubre de 2013

Las comunidades de vecinos bajan las horas de calor para recortar la factura energética

Fuente:latribunadetalavera.es

Siete de cada cien hogares castellano-manchegos no pueden calentar su casa de manera adecuada en invierno. O lo que es lo mismo, en unas 146.000 casas de la región sufren lo que se conoce como ‘pobreza energética’. Son casi el doble de los que se encontraban con estos apuros hace cuatro años, según la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística. Los más vulnerables, como pueden ser las llamadas familias monoparentales o aquellas que tienen entre sus miembros a parados, jubilados o personas muy mayores, son quienes más sufren este problema.

Con el precio del gasóleo disparado y la factura de la luz por las nubes, son cada vez más los hogares, sobre todo en las zonas rurales donde no llegan las conducciones de gas, que recuperan combustibles de toda la vida para calentarse, como la leña, la cáscara de almendra o el hueso de aceituna, o variantes más modernas como son los pellets. La denostada estufa de butano, también se cuela en más de una casa de esas donde la ‘pobreza energética’ se ha instalado.

La biomasa, que abarca todos los combustibles que se producen con restos agrícolas y forestales, se abre paso poco a poco. «La gente viene asustada por las facturas de gas, gasóil y electricidad que les llegan», confirma Onésimo Eduardo González, responsable del departamento de Leroy Merlín donde se venden estos sistemas de calefacción alternativos, que se supone son más eficientes «hay calderas que por un precio moderado, tienen unos consumos muy bajos».

Modelos hay decenas, hasta 80 diferentes ofrecen en esta gran superficie de bricolaje. Las estufas más sencillas, que se recargan de forma manual, rondan los 800 euros; luego hay calderas a las que se les puede conectar un circuito de radiadores y disponen de un gran depósito de combustible para no tener que recargarlas a diario, cuya instalación ronda los 4.000 o 5.000 euros. Las ventas se han disparado sobre todo en los últimos tres años, confirman en Leroy Merlín, «se instalan sobre todo en viviendas unifamiliares, pareados, adosados o chalets».

Ahorro de un 30%. Con la biomasa se ahorra al menos un 30% en la factura de la calefacción, aunque hay quien asegura que se puede bajar el gasto hasta un 60%, «todo depende del combustible que se use, la eficiencia de la caldera, el aislamiento de la vivienda», advierte Antonio Barba, de Aguahorro, empresa asentada en el CEEI de Albacete. Hace unos años, mucha leña se quedaba en el campo o simplemente se quemaba, hoy se aprovecha todo. «La leña está volviendo, -asegura Barba-, hay quien sustituye el quemador de la caldera para cambiar el gasoil por la leña o incluso usar los dos combustibles».

Estas adaptaciones explican que en el registro oficial de instalaciones de calefacción apenas consten medio centenar de sistemas de biomasa, «ese registro no hace referencia a la realidad, porque no todo el mundo hace nuevas instalaciones, hay quienes optan por adaptar lo que ya tenían», apunta Barba.

El boom de la biomasa ha sido tal, que en la provincia funciona desde hace un par de años una fábrica de producción de pellets. Energías Renovables Tarazona SA (Ertasa) produce al año unas 40.000 toneladas de gránulos elaborados con madera y restos prensados de gran poder calorífico y que apenas deja restos, pues utiliza pino para su fabricación y restos de poda para alimentar la planta donde se fabrican. De momento no se plantean aumentar su producción, mientras tanto ‘digieren’ la inversión de 11 millones de euros que hicieron en esta fábrica donde trabajan 19 personas. «Este es un mercado emergente, la crisis nos obliga a todos a tomar medidas», explica Miguel Andreu, gerente de Ertasa, que pone como ejemplo su propia vivienda, una casa de 400 metros, que antes caldeaba con gasoil con un gasto de unos 4.000 o 5.000 euros anuales, «ahora con 2.000 euros, utilizando pellets tengo bastante, vamos que el ahorro es muy sustancial».

Las comunidades de propietarios, con calderas centralizadas, también están empezando a apostar por este combustible. Aprovechan, además, las subvenciones que se están dando para cambiar las instalaciones térmicas por aquellas que utilicen renovables. Y es que la factura de la calefacción es el gasto más importante que soportan los vecinos que viven en bloque y comparten servicios.

Mejor las comunitarias. En la capital un buen número de bloques tienen calefacción centralizada, pues hasta los años 90 no empezaron a instalarse las calefacciones de gas individuales. Ahora, de nuevo se está apostando por las calderas comunes para varias viviendas, apunta Llanos Játiva, presidenta de los Administradores de Fincas de Albacete, que asegura que esta fórmula compartida abarata la factura de la calefacción. Además, ahora existe la posibilidad de instalar unos elementos de control en los radiadores de tal forma que cada vecino pague solo por lo que consume, aunque la caldera sea comunitaria. Es más, estos elementos serán obligatorios a partir del 31 de diciembre del 2016.

Calderas de carbón apenas si quedan medio centenar en Albacete. La mayoría de las instalaciones térmicas funcionan con gas ciudad y gasóleo. De hecho, de las 24.851 instalaciones registradas en el Servicio de Industria y Energía, más de 12.000 funcionan con gas natural y cerca de 8.000 necesitan de gasóleo para arrancar. Este mapa está empezando a cambiar, «como el gasóleo es caro, hay muchas comunidades que están sustituyendo las calderas por otras de gas o biomasa, e incluso hay fincas donde el quemador de gas se está sustituyendo por la biomasa».

El gasóleo para calefacción se está pagando a unos 0,92 céntimos el litro, así que para llenar el depósito de una finca comunitaria se necesitan cerca de 5.000 euros, una buen pellizco para los vecinos, «porque antes de la crisis nos daban crédito, pero ahora si no pagas no te sirven». A modo de ejemplo, en un bloque de 12 viviendas, la calefacción supone un gasto anual de 26.000 euros en gasóleo, el 70% del total de los gastos comunitarios. Así, y pese a que las cuotas se han ido subiendo a medida que la factura energética ha ido en aumento, muchas veces no suele ser suficiente, «al final nos toca hacer una derrama para poder pagar la calefacción, y si en la comunidad hay algún moroso ya ni te cuento», resalta Játiva. Y es que la ley impide cortarle el suministro de calor al vecino que no pagar el recibo, lo único que pueden hacer es llevarlo a los tribunales y, mientras tanto, pagarle su confort.
Retrasar el encendido o tener la calefacción menos horas, son algunas de las decisiones que se adoptan para recortar en la factura energética. Las disputas vecinales son habituales, aunque también fáciles de solventar porque todos deben adaptarse a lo que decida la mayoría.

Lo habitual, es encender las calderas entre el 1 de noviembre y el 31 de marzo, y aunque se sabe que en abril viene algún día de frío es frecuente que se recurra a otros medios más económicos en lugar de encender la calefacción. Si lo frecuente era tener la caldera a pleno rendimiento entre las 2 de la tarde y las 9 de la noche, ahora cada vez son más las comunidades que retrasan el encendido a entre las 3 y las 3,30 de la tarde y apagan a las 8.30 horas. Una hora menos de calefacción, supone ahorrar 150 horas de gasto en la factura de todo el invierno. Pero, claro está, cada uno tiene sus necesidades: a quienes pasan todo el día casa les gustaría tenerla permanentemente encendida, quienes trabajan precisan de menos horas y quienes tienen hijos buscan sus propio horario.


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